Navegación
Ult. Temas
Últimos temas
» [AVISO] ERAD CIERRA
Mar Jul 25, 2017 2:45 pm por Garmika

» Un paseo por el parque[Libre][Dia]
Vie Jul 21, 2017 4:52 pm por Oga

» ¿Perdido?[Privado/Oga-Thanos][Noche][Pasado]
Vie Jul 21, 2017 4:38 pm por Oga

» Rol para empezar
Lun Jul 17, 2017 12:13 am por Oga

» Ficha Norman Kiär
Dom Jul 16, 2017 11:09 pm por Thanos

» Oga Riddick
Dom Jul 16, 2017 11:05 pm por Thanos

» ¿Adiós ERAD?
Sáb Jun 17, 2017 1:02 pm por Thanos

» Reiniciando
Vie Mayo 05, 2017 4:11 pm por Sinister

» Cronología de Elena
Vie Mayo 05, 2017 5:05 am por Elena Druwer

» ¿Quien quiere rol?
Jue Mayo 04, 2017 2:26 pm por Thanos

» Cort Sturmice
Lun Mayo 01, 2017 7:38 pm por Rocky Firestorm

» ¡Taller de firmas! :D [ABIERTO]
Jue Abr 27, 2017 9:38 pm por Elena Druwer

» Ficha de Elena
Mar Abr 25, 2017 10:38 pm por Thanos

» holis
Dom Abr 23, 2017 10:19 pm por Rocky Firestorm

» [Libre] El ángel, el clerigo y el meta [Naked - Filaris - Logan]
Dom Abr 09, 2017 7:53 pm por Logan Allen

Staff
Administradores
Moderadores
Masters
Top Posteadores Mes
Los posteadores más activos del mes

Hermanos y Élites
Hermanos
Nuestro Botón

Élites
Créditos
En primer lugar para The Captain Knows Best por el diseño base del Theme de nuestro foro, así como a todos los usuarios que forman la comunidad y hayan decidido darnos un poco de su tiempo para mantenerlo vivo.
Afiliados

Vientos de Cambio.

Ir abajo

Vientos de Cambio.

Mensaje por Nairda Sevach el Sáb Mar 26, 2011 9:57 pm

1 – Vientos de Cambio

El sol de la mañana se alzaba sobre la ciudad, como un vigilante que observaba en silencio la ajetreada vida de los habitantes. Un joven de corta edad se adentró por el camino que conducía hacia el interior del cuartel; tras los muros había otros edificios mas pequeños como el comedor, situado cerca del edificio principal, o la armería algo mas alejada junto al patio de armas.

El joven avanzaba entre los muñecos de entrenamientos, sacos de arenas ataviados con espadas y escudos de madera, sobre algunos de ellos había dibujados caras, algunas sonrientes, otras furiosas, otras en un alarde de originalidad simulaban a personajes importantes (y por lo general odiados) de la sociedad. Los muñecos dibujaban sombras sobre el suelo arenoso del patio que parecían enemigos mucho mas reales.

El joven tenía el pelo castaño y los ojos de un azul claro, algo bastante inusual. De altura media y rasgos infantiles que, en conjunto, hacían de el en una persona muy atractiva; bajo el ojo izquierdo tenía una pequeña cicatriz que, en cualquier otra persona, habría estropeado su apariencia, pero en el no hacia mas que contribuir en mejorar su atractivo. Llevaba los atavíos propios de un soldado: una cota de malla que ocultaba su robusto cuerpo y sobre esta un tabardo de color negro con varios ornamentos blancos, en el cinto llevaba una espada corta reposando en su vaina y a la espalda, firmemente sujeto mediante cintas de cuero, un escudo en el que había impresa, en color negro, la cabeza de un lobo aullando al cielo sobre un fondo blanco. Calzaba un par botas de cuero altas, de la derecha sobresalía una pequeña daga con el mango de madera.

Se detuvo ante la maciza puerta de roble, el único acceso al edificio principal del cuartel, y se detuvo unos instantes a admirarla. Estaba fuertemente diseñada, de doble hoja y con remaches de acero entre los tablones y una imponente cerradura. El joven soldado dudó unos instantes y apoyo la mano contra la puerta. Esta se abrió con un suave gemido dejando entrar un haz de luz que bañó el interior de la estancia.

El interior estaba humildemente amueblado, había un par de estanterías con varios libros, muebles repletos de armas, unos cuadros con retratos de grandes soldados y generales, una mesa tapizada con mapas y varios papeles. El joven se adentró un paso mas en la estancia y abrió una de las hojas de la puerta al completo, esta emitió un último quejido y se detuvo devolviendo el silencio y el sosiego al edificio.

Frente a una ventana había un joven, sentado en una silla y con el pecho descubierto y la cabeza apoyada en el respaldo de la silla. Mantenía los ojos cerrados. En su pecho, desplazada hacia la izquierda, había una cicatriz en forma de cruz y, colgado al cuello, llevaba un collar con un pequeño símbolo de color negro con un par de grabados incomprensibles de color dorado. El collar se deslizó unos centímetros hasta quedar junto a la cicatriz. El pelo del joven era de color negro y caía sobre sus hombros en desordenados mechones. Las facciones eran mas duras que las del otro joven y, aunque no era tan bello como aquel, también era sumamente atractivo. Sobre su regazo descansaba una espada de gran longitud, guardada en su vaina, una vaina muy cuidada de color negro con adornos de cuero.

-¿Señor?-. La voz del soldado resonó en la habitación, sin embargo la única respuesta que obtuvo fue el eco. El soldado tenía una voz grave, contrastando con su aspecto casi infantil. El soldado dio otro paso hacia el interior pero, sin embargo, el otro joven no se movió. Permaneció unos segundos inmóvil, observándolo desde el umbral de la puerta antes de acercarse un poco mas; ahora se encontraba a su lado, prácticamente podía alargar la mano para tocarlo-, ¿Señor?-. Repitió elevando aun mas el tono.

El joven abrió sus ojos, unos ojos almendrados de color negro muy llamativos, pero inexpresivos y carentes de sentimiento. Eran unos ojos tristes, los ojos propios de una estatua, imposible de escudriñar lo que se escondían tras ellos.

-¿Se puede saber que observáis con tanto ahínco, Víctor?-.

El soldado que respondía al nombre de Víctor dio un respingo debido a la repentina respuesta del otro joven. Inmediatamente retrocedió un par de pasos tratando de recobrar la compostura inicial. Mientras, el otro joven se levantó de la silla donde había estado descansando y se llevó una mano al cuello mientras lo movía a un lado y a otro con un gesto de molestia en el rostro.

-!Disculpadme señor¡, ¿Os he despertado?-. Se apresuró a disculparse Víctor. El otro joven recogió una camisa que había estado descansando sobre la mesa y que, hasta entonces, había pasado inadvertida por Víctor.

-No, tan solo... reposaba- El joven introdujo sus brazos en las mangas de la camisa y comenzó a abrocharse los botones de la misma. Víctor observaba atentamente el tedioso trabajo que su interlocutor tenía entre manos quien, tras abrocharse un par de botones, levantó la vista y clavó sus ojos en los de Víctor. -Y bien, ¿Tan solo habéis venido a saludarme?-. Preguntó arqueando las cejas.

-eeeh... no, no señor-. Víctor miró a un lado distraído, la mirada de aquel hombre lo ponía nervioso, y no por que fuera su superior, sino porque aquellos ojos le resultaban inquietante. Carraspeó para aclararse la voz y alzó la cabeza mirando al horizonte, adoptando la postura oficial destinada a cualquier acto formal del ejercito. -Traigo un mensaje para el mariscal de los ejércitos imperiales, Saín Stukof. El emperador Lucius Volter solicita una audiencia privada con los generales de las guardias imperiales en el castillo de Valerian. Se precisa de su presencia de inmediato-.

Sain, el otro joven, había terminado de abrocharse la camisa y ahora ajustaba unos refuerzos de cuero sobre ella. Estos protegían zonas vitales o desprotegidas como el corazón, el vientre y los hombros. Estas protecciones constituían toda la armadura de Sain, que eran insignificantes en comparación con las pesadas protecciones de Víctor. Sain desvió la mirada un momento hacia Victor y continuó atándose una de las protecciones mediante una correa de cuero, estaba teniendo serios problemas para abrochar la hebilla.

-¿El emperador Lucius se encuentra aquí?¿En Valerian?- Preguntó Sain, por regla general el emperador se encontraba guerreando en las fronteras o celebrando en la capital. Victor asintió -Llegó hace unas horas de las frontera. Junto a el han llegado Michael y Jeanne.-

Sain permaneció pensativo unos instantes mesándose la escasa barba y agarró su espada. -Bien. En ese caso no le hagamos esperar.- Dijo haciendo una seña con al cabeza mientras se encaminaba hacia la puerta.

Victor lo siguió a paso ligero mientras Sain aseguraba la espada al cinto. El arma era extraordinariamente larga y casi rozaba el suelo de la habitación; tenia aspecto de ser muy pesada y dificil de manejar. -¿Hagamos señor?- Preguntó Victor cuando Sain se detuvo a cerrar la puerta del cuartel. Un par de soldados recien llegados del comedor hicieron un ademán de respeto cuando Sain pasó a su lado. -¿Acaso queréis que os acompañe, señor?.-
-Si se han convocado a los generales de las guardias y al mariscal del ejercito, es facil deducir el por qué de la reunión ¿No?-
-¿Creéis que iremos a la lucha?.- Sain asintió, no se le ocurría otra buena razón para una reunión como aquella.

Sain y Victor salieron del patio de armas que daba a la calle principal. La ciudad bullía de vida a aquellas horas. Las personas deambulaban a lo largo de la calle yendo de puesto en puesto y discutían acaloradamente en pequeños grupos dispersos.

Los soldados avanzaron por la calle sin mucho esfuerzo gracias a que las personas se apartaban de su paso. Sain alzó al vista hacia el horizonte y observó el impresionante castillo de Valerian. El torreón principal se alzaba sobre la ciudad, imponente, como si tratase de desafiar al propio sol.

De pronto, Sain sintió como una mano huesuda se cerraba alrededor de su muñeca y volvió la vista hacia su captor. Una anciana, encorvada y desnutrida le agarraba la mano. Llevaba una capucha que le ocultaba el rostro, una serie de harapos mugrientos de color rojizo y portaba un cayado de madera a modo de bastón. La anciana pasó su otra mano sobre la palma de Sain y un repentino escalofrió le recorrió la espalda. Victor se detuvo y dio un paso amenazante hacia la mujer. -¡Como os atrevéis!, ¡apartaos!.- Bufó.
La anciana hizo caso omiso a la advertencia de Victor y alzó la vista, tenia el rostro surcado de largas arrugas y unos ojos de color verde claro por los que habrían suspirados muchos corazones hace años.

-Os espera un gran futuro, chico guapo.- Dijo la anciana, su voz era aguda y molesta. A Sain se le antojo muy parecida al graznido de una urraca. -Si... aun os queda mucho por aprender, pero vuestras acciones marcaran un antes y un después en la historia de este reino.-

Sain mantuvo la mirada fija en los ojos de la anciana mientras esta hablaba, hipnotizado, parecía no darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor. La gente comenzaba a reunirse alrededor para curiosear. Sain inspeccionó de arriba a abajo a la anciana y se zafó de un tirón. Le dedico una ultima mirada y se giró sin hacer caso de la anciana ni de Victor ni de las personas que había a su alrededor.

Victor corrió hasta alcanzar a Sain que caminaba mirando hacia el torreón del castillo de Valerian. -Señor... ¿Estáis bien?- Preguntó con cautela. Sain no le miro, sino que siguió caminando en silencio. Victor ya no esperaba respuesta cuando Sain dijo: -Cada día hay mas viejas locas que intentan engatusar a la gente con su brujería de pacotilla, no es la primera vez que me encuentro con una de ellas.- Sain se apartó un mechón de pelo que le caía sobre la frente y continuó. -Sin embargo... esos ojos... ya los había visto en alguna parte. Eso es todo Victor.-

Ninguno de los dos volvió a pronunciar palabra. Ahora se encontraban a las puertas del castillo de Valerian, la fortaleza de piedra donde les esperaba el Emperador con su imponente torreón recortado contra el sol.




Existen otros mundos a parte de este y todos ellos me pertenecerán.
Demonio de la Soberbia

avatar
Nairda Sevach
Tenebrae de la Soberbia
Tenebrae de la Soberbia

Cantidad de envíos : 164
Edad : 25
Localización : En Nairlandia

Datos de Personaje
Nivel:
6/100  (6/100)
PE Actuales:
Eradianos:

Volver arriba Ir abajo

Re: Vientos de Cambio.

Mensaje por Invitado el Dom Mar 27, 2011 5:42 pm

Viejas brujas everywhere xD No tiene mala pinta, me mantendré a la espera del siguiente cap pirat

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Vientos de Cambio.

Mensaje por Nairda Sevach el Dom Mar 27, 2011 8:47 pm

Ese capitulo lo escribí hace tiempo Jé. Pero acabo de terminar el siguiente. Malegro de que te haya gustado a ver que tal el siguiente.

2 – El Concilio de Valerian.

El castillo se podía describir en una sola palabra: Ostentoso. La sala de audiencias, que actuaba a modo de salón real cuando el Emperador se encontraba en la ciudad, cosa que era bastante común dado que, Valerian, era la segunda ciudad más importante del Imperio, estaba ricamente decorada; alfombras cuidadosamente bordabas, con matices dorados y rojos, cortinas de seda de los reinos libres del este, oleos donde se retrataban cada uno de los antiguos emperadores, estatuas y bustos de mármol... Incluso los guardias imperiales iban decorados con galones y armaduras forradas de terciopelo rojo y bordados dorados. Estos soldados, veteranos de batallas y guardias personales del Emperador, se mantenían impasibles con la mirada fija al frente y las picas firmemente sujetas. Al fondo de la sala se encontraba un trono, modesto en comparación con el trono imperial. El trono de ébano y bronce presidia la sala.

Sain y Víctor entraron en la sala de audiencias, dos guardias que custodiaban la entrada del castillo apartaron sus armas a su paso. El interior de la sala era mucho más modesta. Alojada en lo alto del torreón, sus paredes estaban tapizadas por ventanales decorados por varias macetas de donde brotaban plantas verdes y un colorido abanico de flores. No había muebles en la sala, ni alfombras lustrosas ni elaboradas lamparas. Solo aquellas siete personas.

Se encontraban sumidas en una entretenida conversación y, cuando el mariscal y el soldado llegaron, se hizo el silencio. Uno de ellos que vestía una elegante armadura con motivos dorados y finamente elaborada se giró. El hombre era alto y grande, tenía una frondosa barba castaña a pesar de que en su cabeza comenzaba a escasear el pelo y unos ojos de color celeste que parecían no encajar en aquel rostro duro y embrutecido. También podía observarse varias cicatrices en su rostro.
Al ver a Sain sonrió ampliamente y comenzó a andar a zancadas hasta alcanzar al mariscal y abrazarlo entre carcajadas.

-¡Sain!. Maldito bastardo, si que has tardado. Estabamos a punto de empezar sin ti.-

Sain no hizo gesto de corresponder el abrazo, en vez de ello se quedó en su posición, con los brazos caidos a los lados y su usual mirada insensible. El hombre de las barbas retrocedió un paso y le dió un golpe amistoso en el hombro al Mariscal. Él por su parte carraspeó aclarandose la garganta y dijo en un tono sereno:

-Me alegro de que esteis ileso Emperador. Pero...- No pudo acabar la frase pues el hombre, el Emperador Lucius Volter, le interrumpió con una carcajada y volvió a hablar con su vozarón. -¿Ileso?. ¡Claro que estoy ileso!, unos pequeños rebeldes no son rivales para mi. -Emitió otra carcajada.- Los atravesé con mi espada así, y así.- Dijo mientras desenvainaba su arma, una espada corta de fina elaboración, que descansaba en su cinto y se batía con un enemigo imaginario. De pronto volvió a envainar y le dió la espalda a Sain mientras volvía con el grupo. -¡Basta de batallitas!. Tenemos asuntos que tratar y ahora que el Mariscal está aquí no hay ningun impedimento.-

El Mariscal siguió la estela del Emperador bajo las aviesas miradas del resto a las que respondió con una mirada hueca. Justo cuando el Emperador se giró para encarar a todos los presentes, uno de los hombres, de pelo y ojos color miel y ataviado con una armadura de gala de color gris, alzó la voz.

-Claro... Ahora que el Mariscal ha decidido honrarnos con su presencia podemos empezar. ¡Bravo!. Si señor.- Dijo, dando unas secas palmadas. Sain le dedicó una mirada, algo más iracunda de lo habitual y giró la vista mientras decía. -No todos tenemos tiempo que perder en manufacturar ''bonitas'' galas. Algunos tenemos cosas importantes que hacer como dirigir a la guardia que nos ha sido encomendada, General Michael.-

Aquel que respondía por el nombre de Michael dió un paso al frente pero otro hombre, con el pelo corto con un tenue tono rojizo y ojos castaños, lo detuvo. Este hombre también vestía una armadura de gala pero de color verde.

-¡Ya basta los dos!.- Gruñó. Michael lo miró colerico y le dió un empujón para apartarlo de él. Luego se recompusó y miró a Sain y al otro hombre varias veces antes de recobrar su porte de superioridad. -Todos sabemos de parte de quien estas Jeanne.- Dijo con sorna. Jeanne no hizo caso al comentario y volvió a su posición. El siguiente en actuar fue otro de los hombres, que estaba de pie junto al Emperador. Sus cabellos eran castaños, del mismo color que los del Emperador, pero sus ojos eran de color verde oscuro; parecía mucho más joven que el resto, apenas unos 17 o 18 años y su rostro era casi infantil aunque con un apice de nobleza y porte.

-Padre, ¿No vais a hacer nada?.- Dijo mirando con malicia a Sain. -Vuestro Mariscal no solo llega tarde si no que además incita a tus generales a pelear. Es vergonzoso.-

Su padre, el Emperador, soltó una carcajada como ya había hecho tantas veces. Puso una mano en el hombro de su hijo, que vestía ropas de seda ostentosas y que parecían ser muy caras y le dijo aún sonriendo. -Marcus, hijo, este hombre es el mejor guerrero del Imperio y de los más fieles seguidores que poseo. Por ello tiene el titulo de Mariscal, igual que su padre lo tuvo antes que el, y por eso comanda la Guardia del Lobo. Es mi mejor baza, no lo juzgues tan severamente.-

La discursión acabó con la intervención del ultimo hombre. De mayor edad, casi anciano, vestido con ropas oscuras de tonos purpureos. Tenía escaso pelo blanco tapado por un tocado de tela a modo de capucha que le servía para ocultar su rostro y sus ojos de color gris. En su mano izquierda llevaba un curioso anillo también de color purpura. Se deshizo de la capucha.

-Señores... Estamos aquí por una razón de urgencia. Más tarde tendreis tiempo de sobra para despiezaros pero si ahora pudieramos centrarno en lo que nos atañe.- Dijo con una voz suave y aterciopelada. -Seamos practicos y eficaces.-
-Vos siempre tan preciso, Valtharen.- Dijo Sain haciendo un gesto con su mano derecha. Valtharen se limitó a asentir gentilmente. -Ese es mi trabajo como asesor economico Mariscal. Zapatero a sus zapatos, yo soy preciso y vos teneis liderazgo. Aprovechemos nuestras facultades en el campo que mejor nos concierna.- Respondió el anciano, hablaba lentamente gesticulando y mascando cada palabra. Antes de que los dos se enfrascaran en una conversación sin sentido, el Emperador carraspeo, llamando la atención de todos los presentes.

-Bien, como decía, podemos empezar. Despues de todas esas batallas con los rebeldes solo nos queda un maldito grano en el culo. El fuerte de Kravian. Ese maldito fuerte en el maldito bosque del maldito sur. Hemos logrado hacer retroceder y avanzar la frontera hasta allí pero... La Guardia Gris no logró tomarlo.- El general Jeanne, lider de la Guardia Gris, le lanzó una mirada nerviosa al Emperador pero no lo interrumpió. -Tropas demasiado pesadas en un terreno abrupto. Nos retiramos antes de que hubiesen más bajas.-

El Emperador comenzó a caminar por la sala, con los brazos cruzados en la espalda. Miraba con curiosidad por los ventanales y observaba la vida de la ciudad, tranquila y ajena a los problemas politico-militares. -El ejercito imperial se divide en tres guardias principales, además de las guarniciones repartidas en las ciudades y torreones. La Guardia Gris del general Jeanne, dedicada a la infantería pesada y de choque. La Guardia Imperial, dedicada exclusivamente al protección de la Capital del general Michael. Y la Guardia del Lobo, tu guardia Sain.- Hizo ua pausa en la que se giró en redondo y encaró al Mariscal. -Tu debes tomar el fuerte de Kravin. Los rebeldes se mueven en esos bosques como en su casa, pero confio en que tu guardia sea capaz de hacerles frente incluso allí.-
-Porsupuesto la toma del fuerte en fundamental para hacernos con el control de la región.- Tomó el relevo Valtharen.- Los lugareños son afines a los Rebeldes aunque se niegen a admitirlo. Mientras ese fuerte siga en su poder no podremos afianzar nuestro control.-

Sain meditó unos segundos, miraba a traves del ventanal pero no miraba nada en concreto. Imaginaba la situación, tomar el fuerte del bosque que ofrece la mayor resistencia rebelde de la época, sonaba tentador sin duda. Despues de unos segundos asintió.

-Sus ordenes serán cumplidas, Emperador.- Se limitó a decir, mientras hacía una pequeña reverencia. El Emperador alzó sus manos al cielo. -¡Excelente!. Se que no me fallaras Sain.-

Michael rezongó. -Claro... como iba a fallar el todopoderoso Sain.- Sin embargo el Emperador no llegón a oirlo, se había lanzado en un frenesí de palabrería recordando cosas que todos los presentes sabían. -Sain, portas en tu cuello el Irium, el simbolo de la fuerza del imperio. Llevala hasta los confines de la tierra y con ella la autoridad y el orden Imperial.-

Todos salieron de la sala, Valtharen se escabulló rapidamente hacia sus aposentos; Michael soltaba maldiciones mientras se perdía por un pasillo estrecho que permitía bajar a las armerias rapidamente. Jeanne acompañó al grupo sin decir palabra hasta los dormitorios, lugar en el que se separaron y tanto el Emperador como su hijo Marcus acompañaron a Sain y a Victor hasta la sala de audencias donde los dos últimos se separaron para salir del castillo.

Ambos comenzaron a caminar, Victor, que no había pronunciado palabra desde la audencia con el Emperador, seguía a su Mariscal indeciso si preguntar o guardar silencio. Finalmente, pronunció unas palabras.

-Señor... ¿Siempre es así?. -Sain lo miró sin comprender. -Quiero decir Señor, ¿Por qué sois tan poco apreciado por los generales?. Si no es precipitado preguntar.-

Sain se tomó unos segundos para meditar, como siempre hacía. -Veras Victor, son solo viejas rencillas. Michael creía que sería el proximo Mariscal tras la muerte de mi padre, pero el Emperador me nombró a mi a pesar no llevar más que unos años en el ejercito.- Dijo entrecerrando los ojos. El sol comenzaba a esconderse y con ello emitía agudos brillos que molestaban a Sain. -Marcus... Ese chico debe ver en peligro su autoridad si el puesto de Mariscal sigue cobrando tantas importancia. Creo que teme que en el futuro tenga tanto poder como él cuando ascienda como Emperador. Y Valtheran... Simplemente ve su influencia sobre el Emperador amenazada.-
-¿Influencia sobre el Emperador?.- Preguntó alarmado Victor. -¿A que se refiere?.-
-No querrais saberlo. Asuntos turbios sin duda y sin ninguna prueba, no merece la pena hablar de ello. Victor, reune a la guardia. Mañana partiremos.-

Sain se había detenido ante una casa casi ruinosa, del cinto sacón una llave de hiero semi oxidada y se dispuso a entrar en la vivienda. Su casa, su hogar. Victor hizo un gesto de respeto y se aventuró a lo largo de la calle, camino del cuartel. Sain por su parte, posó su mano sobre la puerta de madera y la empujó con suavidad. La puerta emitió un molesto chirrido y dejó ver el interior de la oscura vivienda, apenas amueblada y de dos plantas. Lo justo para sobrevivir pero plagada de recuerdos, la mayoría dolorosos. Con la mirada vacía y su caracteristica impsibilidad en el rostro, Sain entró en su casa por primera vez en varios meses. Hoy dormiría allí, antes de emprender camino a una nueva batalla.




Existen otros mundos a parte de este y todos ellos me pertenecerán.
Demonio de la Soberbia

avatar
Nairda Sevach
Tenebrae de la Soberbia
Tenebrae de la Soberbia

Cantidad de envíos : 164
Edad : 25
Localización : En Nairlandia

Datos de Personaje
Nivel:
6/100  (6/100)
PE Actuales:
Eradianos:

Volver arriba Ir abajo

Re: Vientos de Cambio.

Mensaje por Invitado el Lun Abr 04, 2011 3:11 pm

Leído ~

Esperando el siguiente cap Twisted Evil

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Vientos de Cambio.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.