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Crónicas de dos

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Crónicas de dos

Mensaje por Invitado el Lun Abr 18, 2011 3:02 am

Aclaraciones: Esta historia salida de mi ociosa mente es nada más y nada menos que un Fan-fic ambientado en el mundo de Dragon Age (concretamente en el II). No tiene nada que ver con las historias principales de ninguno de los personajes "famosos" y conocidos del universo, aunque bien nuestros protagonistas podrían tener contacto con alguno de ellos. La historia está ambientada en las Marcas Libres, en Kirkwall (lo sé, es todo un alarde de originalidad), y empieza poco antes de la llegada de Hawke a esta desde Ferelden, durante el inicio del caótico éxodo marítimo debido a la Ruina. Todo dicho, a leer.



1. La ley del más fuerte

El barco se balanceaba de un lado a otro, hipnotizante. La madera crujía con fuerza; tanta, que si no fuera porque todo el viaje había sido idéntico, Eric pensaría que el viejo cascarón se partiría en cualquier momento. Su primera preocupación al ser consciente de su estadía en el barco habría sido esa, de no ser por un importante detalle: no recordaba nada anterior al barco. En su cabeza flotaban pequeños trazos de memoria, piezas de rompecabezas. Sabía que su nombre era Eric Marshall, que había nacido en Denerim, cosas como geografía, conocimiento general, la Capilla, etc. Todo ello, menos recuerdos verdaderamente personales. El diario de sus vivencias estaba en blanco, y el capitán del barco solo había podido revelarle que había embarcado solo, por su propio pie, sin más pertenencias que unas andrajosas ropas de campesino y una bolsita de cuero. Un ciudadano más que huía de la terrible Ruina que amenazaba con barrer a todo Ferelden, o eso parecía.

Así pues, el muchacho se encontraba en un mundo conocido, pero el mundo no parecía conocerlo a él. El futuro se mostraba incierto, como poco. Lo único que le daba una meta a seguir era aquella bolsa que llevaba cuidadosamente atada al cinturón. La había revisado dos veces, a pesar de que esta solo contenía dos objetos: 1 soberano, suficiente como para costearse lo necesario para vivir durante un corto espacio de tiempo, y una nota escrita en pergamino con adornadas letras de exquisita caligrafía. Esta decía: "Reúnete con Derek. Muelles de Kirkwall, 2º embarcadero". ¿Quién era el susodicho Derek? ¿Tendría respuestas para Eric? Y no solo eso, ¿quién era el autor de la nota? ¿Qué relación tenía con el joven? Demasiadas preguntas, demasiado tiempo para pensar, y muy poco espacio en aquél barco que iba a rebosar de rostros tristes. El viaje se le hizo interminable, no solo por la enorme cantidad de incógnitas, si no por la falta de comodidades y comida en buen estado.

Tras varios días de viaje, finalmente el vigía avisó de la proximidad de tierra. Eric se precipitó a toda velocidad por la cubierta, asomándose por la borda, como muchos otros pasajeros. La nave atracó en unos muelles exteriores a la ciudad que estaban directamente conectados con el Cadalso. Eric se apresuró a desembarcar, pues estaba ansioso por ir a los muelles y buscar al tal Derek, quizás él podría darle algunas respuestas. Avanzó con paso rápido por el empedrado suelo. No tardó demasiado en llegar al acceso al Caldalso desde el muelle, el cual estaba custodiado por varios guardas de la ciudad, comandados por un capitán de pelo tenuemente anaranjado, de rostro duro y protuberantes patillas. Los desesperados refugiados fereldeños se agolpaban contra el muro de hombres, deseosos de poder cobijarse bajo un techo en el que descansar sus torturados cuerpos y espíritus.

-¡Escuchad con atención, refugiados! -exclamó autoritariamente el capitán. De súbito, el embarcadero se transformó en la más silenciosa de las criptas- ¡Su excelencia el Vizconde os saluda en estas horas oscuras! ¡Os ruego paciencia y orden! ¡Formad una fila ordenada, e iréis entrando de uno a uno! ¡Una vez dentro del Cadalso, un escriba os pedirá vuestro nombre! ¡No hace falta decir que entregárselo es una obligación, pues se os registrará como extranjero bajo asilo! ¡Una vez hecho esto, podréis marchar a vuestro libre albedrío por la ciudad!

La gente no se hizo de rogar, todos obedecieron sin rechistar y Eric no fue una excepción. Su espera no se alargó más de media hora. Avanzó en solitario, subiendo una escalinata de la misma piedra que el embarcadero y surcando varios pasillos que lo condujeron al patio del Cadalso. Ahí habían otras cinco colas, todas ellas encabezadas por un escriba que apuntaba con suma maestría y rapidez el nombre del refugiado al que estaba atendiendo. Eric se unió a la fila más corta, y en poco menos de cinco minutos ya estaba frente al erudito, un anciano con el rostro marcado por arrugas, de ojos apagados y cabello ausente.

-¿Tu nombre, joven? -preguntó sin emoción.

-Eric Marshall -respondió el muchacho con la misma falta de entusiasmo.

Unos cuantos trazos, y el nombre de Eric quedó registrado en aquél grueso tomo administrativo. Acto seguido, el escriba escudrió su rostro con sumo interés, como si tratara de recordar su cara. Eric estuvo cerca de preguntarle si ocurría algo, pero antes de que pudiera abrir la boca, el anciano terminó de despacharlo con un sonoro "siguiente". Antes de abandonar definitivamente el Cadalso, Eric se mantuvo expectante unos minutos, observando desde la distancia al erudito. Parecía que trataba de quedarse con el rostro de todos los refugiados que pasaban por su cola. El chico suspiró, pensando que quizás lo había reconocido o algo similar. Ladeó el rostro y se marchó. Debía de ponerse en camino.

Kirkwall bullía con vida, y por supuesto, era una ciudad enorme. Eric necesitó que le dieran señas en tres ocasiones para conseguir llegar a los muelles. Le sorprendió la facilidad con la que algunos ciudadanos se daban cuenta de su condición de refugiado, y como muchos de estos le trataban con remilgos, o incluso asco, por su situación. Pero la hospitalidad de la gente era lo de menos; la caminata fue larga y dura. El sol ya se había puesto cuando entró en el distrito de los muelles. Y aún así, su tarea no había finalizado, aún tenía que localizar ese 2º embarcadero. Extrañamente, quizás debido a la hora o quizás debido al barrio, Eric vagó sin rumbo por los muelles sin encontrar a ninguna persona. El ambiente cada vez le daba peor espina. Algo dentro de él le decía que bajar la guardia sería una idea muy mala. Según se perdía más por las entrañas de los muelles, el sol iba desapareciendo y la luna se iba poniendo en su lugar.

Finalmente, el sol dio las buenas noches. La luna, que estaba llena, daba una luz pálida y fantasmagórica, suficiente como para tener una visibilidad decente en las calles más grandes y despejadas. Pero la noche generó muchos callejones oscuros, lugares en los que Eric prefería no aventurarse. El paso de Eric se volvía más apresurado con cada minuto que pasaba. Si no podía encontrar el embarcadero, al menos quería salir del distrito. Si debía dormir en la calle, prefería hacerlo en Altaciudad, no ahí. Pero un grito ahogado inundó el aire, haciendo que se detuviera. El sonido provenía de un callejón cercano, y parecía femenino. Con cuidado, ocultándose en las sombras, Eric se acercó al lugar.

-Por favor... dejadme... no tengo nada para robar... -decía una voz, indudablemente de mujer.

-Oh vamos, preciosa. Piensa un poco, tú eres una mujer, y nosotros somos hombres. No tiene más misterio -respondió una voz ronca y varonil.

-Y cuando hayamos terminado contigo, te rajaremos la garganta, ¡y serás un cuerpo más flotando en los muelles! -afirmó una tercera voz, más aguda, pero también masculina.

La mujer, que a juzgar por el tono de su voz debía de ser joven, dejó escapar un ligero gemido de terror ante las palabras de aquellos rufianes que la amenazaban. Eric se desplazó, oculto, acercándose más al trío, hasta que pudo verlos. Ambos hombres, aparentemente piratas o marineros, tenían acorralada a la joven contra la pared del fondo del callejón. Desde luego, parecía indefensa. Eric apretó los puños, ¿qué podía hacer él? Y aún así, salió de las sombras, caminando con paso seguro hacia los desalmados.

-Disculpen, caballeros, pero creo que la señorita prefiere no tener compañía esta noche -afirmó con una seguridad inesperada. ¿Qué demonios estaba haciendo, haciéndose el héroe y diciendo diálogos de caballero andante? Era como si una fuerza invisible guiara su cuerpo.

Obviamente, los dos matones no tardaron en girarse con cara de pocos amigos. Sus ojos, afilados como cuchillos, atravesaron a Eric. Ambos piratas eran fornidos, grandes, y muy rudos. Eric, por el contrario, estaba en buena forma, pero no tenía mucho músculo. ¿Cuáles eran las posibilidades de vencer en aquella situación de total desventaja?

-¿Otro asqueroso refugiado? Bueno, algo más que robar.

-Vamos a por él rápido, estoy deseando desnudar a la palomita, Jim.

El aparentemente llamado Jim asintió con una sonrisa diabólica marcándole el rostro. Sacó un cuchillo que llevaba enfundado al cinto, y lamió la hoja. Sin embargo, el primero en cargar fue el más ansioso de los dos, el pirata sin nombre, que además de no tener nombre no tenía arma. A pesar de estar en una situación de vida o muerte, Eric no se asustó ni sintió ganas de huir, simplemente estaba nervioso, pero no flaqueaba. El pirata trató de golpearle con el puño derecho, pero en un alarde de rapidez y habilidad, Eric esquivó el golpe y automáticamente después asestó un derechazo justo en el cuello del bellaco. El golpe fue simplemente brutal, el sonido de la carte cediendo contra la carne quedó grabado en el ambiente. El pirata cayó fulminado con un estrepitoso golpe, completamente inerte. Los tres personajes que quedaban en pie se quedaron quietos unos instantes, todos ellos en estado de shock.

-¿Pero qué dem...? -pensó en voz alta Eric, mirándose el puño.

-¡Maldito criajo de mierda! ¡Te voy a destripar! -exclamó de improvisto el pirata superviviente, fuera de sí, cuando comprendió lo que le había ocurrido a su compañero.

El joven se puso en guardia, esperando a su enemigo, que imitando a su congénere, cargó, arma en mano, bien dispuesto a usarla. Enarboló la daga, buscando con su filo el estómago de Eric, pero el muchacho detuvo el avance del arma antes de que esta rozara si quiera su espacio personal, pues con un rápido movimiento de zurda, similar en velocidad al golpe anterior, detuvo la muñeca de su oponente, para luego golpearle con la mano libre y el puño cerrado un demodelor envite en su cavidad torácica. Esta vez, el sonido del ataque fue más seco. El pirata llamado Jim cayó sin pena ni gloria, como su compañero. Eric se quedó mirando ambos cuerpos. Apenas creía lo que acababa de hacer; ¿quién lo habría creído?

-Yo... esto... gracias... -escuchó frente a él. Era la joven, que se acercó con cautela, evitando los cadáveres.

-De nada. Me ha salido solo, y no podía quedarme de brazos cruzados.

-Tú, esa habilidad para pelear... ¿De dónde la has sacado? Has podido con los dos de un solo golpe, no has flaqueado, no has cometido ningún error... ¿cómo...? -se entrecortaba al hablar, demasiado nerviosa como para vocalizar con claridad.

-Pues... la verdad es que no lo sé. ¿Instinto? -se encogió de hombros. Sabía que solo "ha sido puro instinto" no era una excusa creíble, pero no quería hablar de su pasado incierto.

-Vaya instinto que tienes, ¡si ni siquiera pareces nervioso...! Esto... -dudó un momento- Puedo... ¿ir contigo? No tengo a dónde ir, y tengo miedo de encontrame con otro de esos... esos...

-Bueno, ¿por qué no? Yo estoy en la misma situación que tú -Eric esbozó una media sonrisa- Si nos mantenemos juntos estaremos más seguros, supongo. ¿Cómo te llamas? ¿Eres de Ferelden?

-Ehm... sí, llegué hace un par de días. Me llamo Cassandra.

-Yo soy Eric. Encantado de conocerte, Cassandra.

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Re: Crónicas de dos

Mensaje por Selena el Lun Abr 18, 2011 12:36 pm

Simplemente, me ha encantado xD Tienes una habilidad para hacer cada párrafo tan fresco; importante y con información esencial pero sencillo de leer... Me das envidia xD

Yo ya quiero saber quién era Eric, quién es Cassandra ( parece que el nombre está de moda ;_; Yo fui la primera, que conste D: ), qué pasa con Derek, qué pintarán en Kirkwall, con quién se encontrarán, qué vivirán... Quiero saberlo todo xD ¡Así que avanza! Quiero el próximo capi calentito calentito y en mis manitas pronto ewe




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Re: Crónicas de dos

Mensaje por Noel el Lun Abr 18, 2011 12:59 pm

"vivir durante un corto espacio de tiempo"

Espacio de tiempo... interesante...





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Re: Crónicas de dos

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