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Mensaje por Ekrion Gältos Sáb Ago 31, 2019 2:07 am




Prólogo


Antes de que naciera el tiempo y el espacio sólo existía el vacío, la nada. Nada existió ni nada podría existir, hasta que esa regla como pasaría con tantas otras en el futuro se rompió: La negrura absoluta se resquebrajó con el sonido de un arpegio imposible, y con la vibración del estallido se originó un inmenso universo inabarcable. En medio de la oscuridad nació en ese instante una potente y luminosa luz, no era un ser corpóreo, no era un ser tangible, no tenía forma, sólo era una luz, una conciencia que había nacido del caos, del vacío. La primera conciencia del tiempo y el espacio, la primera criatura viva.

La entidad cósmica llamada por muchos, cientos de milenios más tarde, como El Origen, empezó a explorar y a experimentar como un niño curioso que quiere saber de qué es capaz, movido sólo por la curiosidad comenzó a crear estrellas, soles, satélites, galaxias enteras que se iluminaban con su mero pensamiento y se arremolinaban a su alrededor como un tapiz hilado en el más profundo caos. Por último creó los planetas, masas de tierra esféricas a las que dotó de atmósfera y con las que experimentó la terraformación. Su ingenio se agudizaba poco a poco y su curiosidad se entrelazaba con su imaginación alcanzando un nivel de detalle en sus creaciones mucho más perfeccionista que en los comienzos. Cambió a su antojo las leyes físicas del propio universo que se había originado con su nacimiento, alterando las probabilidades y la evolución de la materia hasta que comenzó a originar vida.

Muchos mundos le sirvieron como laboratorios de experimentación, eran jardines que él cultivaba con paciencia y curiosidad, alterando su la materia y las leyes orgánicas que regían estas para que evolucionaran de formas distintas, dando lugar a las más increíbles civilizaciones. Fueron muchas las sociedades que nacieron, crecieron, evolucionaron y murieron durante milenios, planetas con historias tan antiguas y complejas que ninguna enciclopedia humana podría catalogar ni tampoco entender.

Miles de milenios después, tras centenares de millones de mundos que nacieron y murieron en el universo, El Origen creó Weyard, la que sería la última de sus creaciones, ya había experimentado suficiente, se sentía cansado, aburrido, su curiosidad se había saciado, creó una atmósfera en la que el planeta pudo evolucionar con agua y aire limpios, y la propia naturaleza hizo lo propio, generando poco a poco vida en él como anteriormente lo había hecho en otros mundos.

El hastío llevó al Origen a la decisión de que su camino había terminado, ya había experimentado con el universo todo cuanto había querido, era el momento de fallecer, o mejor dicho, trascender a un nuevo estado, una nueva etapa de su propia evolución, dejar paso a una nueva generación, su celestial y divina descendencia. Y así fue como con un sonoro y tronador estallido se dividió en ocho haces de luz que se dispersaron por todo Weyard.

De cada uno de esos haces de luz emergió un ser nuevo, estos seres sí tenían forma física, aunque sus atributos eran bastante distintivos entre sí, todos y cada uno de ellos tenían seis enormes alas de plumas blancas que emergían de su espalda, y se hacían llamar Los Ocho Arcángeles de la Creación. Cada uno de ellos era distinto y tenía una visión distinta de como debía regirse el universo tras el deceso de su padre.

Mikhael, el Estoico. El más poderoso y recto de los Arcángeles, la voz de la responsabilidad y la serenidad del grupo, el líder y el símbolo que inspiraba a sus hermanos. Su aspecto era el de un león homínido de tres metros de altura, su rostro felino inspiraba respeto y temor a partes iguales, su cuerpo era robusto y con un pelaje de un tono ocre oscuro. Siempre llevaba envainada a la espalda, en el hueco que quedaba entre sus seis enormes alas, una gigantesca espada de dos metros cuya hoja se envolvía en llamas al ser desenvainada.

Shamshiel, la Justa. La mano derecha de Mikhael, representando y defendiendo la Justicia por encima de cualquier otra cosa. Era una guerrera de voluntad inquebrantable, el faro que ayudaba a sus hermanos a siempre distinguir entre el bien y el mal. Su aspecto era el de una bella mujer de cabellos dorados y ojos azules como el zafiro, siempre envuelta en una armadura de plata y llevando a su espalda la poderosa lanza de Longinus, un arma que siglos más tarde se volvería legendaria.

Azrael, el Ejecutor. Siempre fiel a Mikhael, este Arcángel siempre fue el más silencioso de todos ellos, nunca estuvo interesado en la política ni en la guía y la orientación de la raza humana para ayudarles a alcanzar su auténtico potencial, como el resto de sus hermanos. Azrael disfrutaba luchando y ejerciendo la rectitud de Mikhael y la justicia de Shamshiel mediante sus propios medios, siendo especialista en el subterfugio para alcanzar los objetivos de sus hermanos y los suyos propios. Sobre su aspecto se han escrito cosas distintas en cada leyenda, pues nadie conocía su rostro salvo Mikhael, mostrándose siempre encapuchado y con una máscara cubriéndole la tez, iba cubierto por unas túnicas cómodas para el combate y pequeñas placas de armadura cubriendo las zonas más vitales de su cuerpo. Era experto en el uso de las dagas, las cuales siempre llevaba en su cinto.

Remiel, la Noble. Considerada como la más bondadosa y generosa de sus hermanos, siempre ha sido la más apegada a la naturaleza de todos ellos, cuando sus hermanos decidían guiar al hombre, ella decidía moldear y ayudar a la naturaleza a conservar su pureza, protegiéndola de todo daño. A diferencia de sus hermanos, nunca llevaba consigo arma alguna, pues podía manipular la naturaleza de todo lo que le rodeaba a su antojo para defenderse. Su aspecto era el de una mujer de cabello castaño y ojos violáceos. Solía ir a lomos de un lobo huargo blanco de tres metros y acompañada de diversos animales potenciados con su poder celestial que la protegían de todo daño.

Kushiel, el Sagaz. Considerado por sus hermanos como el más problemático por su aparente despreocupación ante todo, este Arcángel es también el más ingenioso y locuaz de todos sus hermanos, alejándose de la política y mostrándose a simple vista como un lobo solitario, era sin embargo el más agudo y perceptivo de todos ellos. Su aspecto era el de un hombre atractivo de mediana a edad que sabe ganar discusiones mediante su palique y encanto personal. Su cabello era blanco como la nieve y sus ojos de color ámbar, llevando siempre consigo un arco a su espalda  y siendo el más veloz y ágil de sus hermanos.

Luzbel, la Erudita. La arcángel y criatura más inteligente y sabia de la creación, a menudo su inteligencia y curiosidad infinitas la hacían chocar en determinados momentos con sus hermanos, abrazando ideas poco ortodoxas sobre el rumbo que debería tomar Weyard. Su aspecto era el de una bella mujer de cabellos cobrizos, piel clara como la nieve, y ojos verdes como esmeraldas. A diferencia de sus hermanos, nunca llevaba armas con ella, creía en el poder de su inteligencia por encima de cualquier artefacto primitivo, siendo la más diestra moldeando las energías primordiales del universo como magia bajo su completa voluntad.

Astharael, el Poderoso. El Arcángel más fuerte físicamente de los ocho, y aquel para el que la fuerza lo es todo, pese a no carecer de humildad y buen juicio, era aquel que en más sintonía se encontraba con las leyes básicas de la naturaleza, la selección natural, la supervivencia del más apto y el más fuerte. Su aspecto era el de un gigantesco minotauro de cinco metros, de pelaje negro y ojos color ámbar. A su espalda portaba siempre dos enormes hachas que imponían respeto tanto a enemigos como a aliados.

Liliel, la Hermosa. La mujer más preciosa de la creación, y también el Arcángel más taimado de los ocho, su belleza e ingenio son tal que a menudo a sus hermanos les costaba rebatirle cualquier afirmación y casi cualquier debate. Como su hermana Luzbel su aspecto es el de una mujer de ojos verdes, con la diferencia de que su cabello es negro como la noche, y ella sí es una talentosa guerrera que junto a la armadura dorada que siempre recubría su cuerpo, llevaba consigo dos espadas con las que era capaz de realizar la más hermosa y mortífera de las danzas de la muerte en un campo de batalla.

Capítulo 1. La guía de la Luz


Cuando los ocho arcángeles nacieron Weyard aún empezaba a ser poblado por el Homo Neanderthalensis, por lo que sabían que allí no podrían hacer nada, su elevado intelecto y conocimientos como criaturas superiores los hacían tan dispares con aquellos monos que decidieron retirarse y dejar que la naturaleza siguiera su curso sin intervenciones por su parte, al menos en ese momento. Usando el poder combinado de los ocho, crearon el Eter, un plano dimensional paralelo a la realidad conocida, lo que en otras culturas ha sido denominado como “Cielo” o “Paraíso”. Allí habitaron en bosques infinitos, estructuras arquitectónicas oníricas e imposibles, y un paraje plagado de la más pura de las vegetaciones.

Tras largo tiempo disfrutando de su vida en aquel plano, cuando vieron que el Homo Sapiens empezó a pensar y a comunicarse, y a crear sociedades simples y primitivas, los ocho volvieron y se aparecieron cada uno en un lugar del mundo, su sola presencia fue reconocida como la de un Dios por los humanos, se construyeron templos y se hicieron rituales y sacrificios en nombre de estos.

Algunos estaban más implicados en la guía y orientación de la raza humana y otros decidieron distanciarse de tales menesteres por cuenta propia, pero durante siglos su guía ayudó a los humanos a prosperar mucho más rápido de lo que lo hubieran hecho por su cuenta, siendo admirados como dioses en la tierra y creando sociedades avanzadas con tecnología adelantada a su tiempo.

El problema principal como siempre ha ocurrido en toda sociedad, vino de manos de la política. Los puntos de vista de los Arcángeles fueron distanciándose poco a poco cada vez más con los siglos, Luzbel y Liliel tuvieron un idilio romántico que el resto de hermanos no veía con buenos ojos, Asthael comenzaba a increpar con mayor asiduidad a Mikhael, dudando de su liderazgo por la contraposición en sus ideas y tensando bastante su relación. Mientras que Kushiel, que solía frecuentar la compañía de numerosas mujeres humanas en su cama, acabó por enamorarse perdidamente de una de ellas, una relación que sus hermanos no veían bien por considerar que criaturas divinas como ellos no debían mezclarse con la raza humana de forma tan estrecha, ellos debían ser algo más que meros mortales, no podían cometer los mismos errores que sus creyentes, estaban por encima de aquellas vanalidades. El idilio de Kushiel con su amada no habría sido más que motivo de algunas discusiones y malos rumores, de no ser porque un día esta amaneció muerta, aparentemente envenenada, lo que volvió loco de ira a su amado que rápidamente enfrentó a sus hermanos Mikhael, Shamshiel y Remiel, que eran los que más habían criticado esa unión, pero fue contra Azrael contra el que alzó el arco apuntándole directamente a la cabeza con su flecha, pues sabía que él era experto en ese tipo de argucias, era exactamente su estilo, y sabía que si sus otros tres hermanos se lo encomendaban, él haría el trabajo sucio sin ningún tipo de duda o recelo. Afortunadamente la discusión acabó sin derramamiento de sangre al mediar en ella Remiel y calmar los ánimos de sus dos hermanos, pero esto no hizo más que tensar la relación en los años venideros.

Pasaron dos siglos más, en el año 950 D. A. –Después del Advenimiento de los Arcángeles– las relaciones se habían tensado tanto que se crearon dos bandos diferenciados entre los hermanos, el bando de Mikhael,  Shamshiel, Azrael y Remiel por un lado, y el de Luzbel, Kushiel, Asthael y Liliel por otro. El rencor y la venganza del segundo bando iba creciendo más hasta el punto de enturbiar su pureza como Arcángeles. No obstante, lo que acabó por prender la mecha fue que llevados por ese aura de vileza, Luzbel y Liliel, que seguían siendo pareja empezaron a experimentar con la humanidad para crear nuevas criaturas, lo que dio lugar a monstruos de tétrico aspecto y bestias genéticamente deformes. Mikhael y Shamshiel se personaron ante ellas y las presionaron para que cesaran en aquel mismo instante sus truculentos experimentos, pero la negativa de estas y el clima iracundo de la conversación acabó causando que Shamshiel alzara sus armas contra Luzbel y la hiriera, lo que automáticamente desencandenó una batalla entre los Arcángeles.

Capítulo 2. Ecos de guerra


En el año 955 D. A. la batalla se convirtió en una guerra abierta entre hermanos, Kushiel, Asthael, Luzbel y Liliel habían estado jugando y experimentado con energías oscuras que habían alterado su juicio, más de lo que ya lo estaba por la relación con sus hermanos. Tal fue su caída a la oscuridad, que sus alas perdieron su plumaje blanco, quedando desnudas y esqueléticas, para luego tornarse de un color oscuro y ser envueltas por finas membranas. En su orgullo y soberbia dijeron estar por encima de lo que antaño fueron, llamándose a sí mismos Diabolus o Diablos, y cambiando sus propios nombres a otros con los que dejar su pasado atrás. Así fue como Luzbel se puso a sí misma el nombre de Lucifer, Liliel derivó su nombre a Lilith y Asthael pasó a llamarse a sí mismo Astaroth. Kushiel fue el único que conservó su nombre pese a su transformación demoníaca, unicamente porque quería conservar el nombre por el que antaño le llamaba su amada, aquella de la que sus hermanos le habían despojado.

La guerra fue demencial y duró siglos, los humanos que habían admirado como dioses a los ocho Arcángeles seguían haciéndolo, pero ahora se dividían a sí mismos en bandos como sus mesías divinos y satánicos. Los Arcángeles y Diablos se habían repartido el territorio durante siglos, y estos territorios ahora estaban tan en guerra como ellos, Mikhael gobernaba los Estados Federales de Caern, haciendo de Tera su territorio, su hermana Shamshiel regía el Imperio Taogami, y se había convertido en la emperatriz de Sen Zei, la gran capital del imperio. El silencioso Azrael había establecido su territorio en Xeonova, la gran ciudad flotante cuya tecnología había alcanzado límites que sólo la imaginación dibujaba, y desde ella apoyaba a su hermano Mikhael con la avanzada y puntera tecnología de su ciudad, fortaleciendo el ejército de este. El territorio de Remiel era el Reino de Kardas, aunque ella dejaba que los humanos llevaran Seraphia, su capital, con libre albedrío y ella solía estar más presente en la parte natural del reino, dejándose ver por las Montañas Auktas, los Pantanos de Rhapsodia y el Río Vandens.

En el lado de la oscuridad sin embargo, Kushiel había establecido su territorio en la República de Nimgrand, dejando a un lado los tiempos en los que dejaba a los humanos a su libre albedrío y gobernando Leytburg, que a esas alturas ya era conocida como la ciudad de la perversión al haberse hecho famosa en todo el mundo por su libertinaje sexual y su narcotráfico. Astaroth había establecido su gobierno en la Unión de Repúblicas Socialistas de Nugoroch, y gobernaba en Voryensk, enseñando a los humanos a labrar su propio destino y crear una sociedad en la que se dejaba de lado la importancia del individuo, y se fomentaba la importancia del colectivo, para demostrar ser más fuertes que el resto en base a estar unidos bajo un mismo ideal, no era un déspota como otros gobernantes, era un líder para sus camaradas humanos y estos le ayudaban para alcanzar la gloria de Nugoroch. Lucifer y Lilith sin embargo se establecieron juntas en Mel-Qarath, convirtiendo su capital, Anwar Abbas, en una ciudad corrupta en la que reinaba la desigualdad entre ricos y pobres, así como la violencia y la perversión en ambos sectores de la ciudad.

Capítulo 3. Ángeles y Demonios


La guerra se volvió más violenta con el tiempo, cada bando buscaba la forma de hacer más daño al otro, y esto hizo que llegara el día en que los humanos que luchaban aquella guerra santa no fueran los peones idóneos para la escala que había alcanzado la contienda, se necesitaban nuevas armas. Tanto Mikhael y sus hermanos, como Lucifer y los Diablos, deformaron la realidad y polarizaron las almas de los humanos con su poder. Mikhael y los suyos hicieron que las almas de los humanos bondadosos y de buen corazón fueran al Eter y renacieran como Ángeles, sus nuevos soldados en la guerra eterna contra el bando de la oscuridad. Mientras Lucifer creó el Infierno y llevó allí las almas de los humanos corruptos y malévolos que fallecían, de forma que fueran castigados y llenos de resentimiento y maldad por los continuos abusos y torturas, hasta transformarse de almas en pena a Demonios, y engrosar así las filas de su ejército con soldados inmortales de negro corazón.

Así fue como nació la contienda más grande del universo, la batalla eterna entre Ángeles y Demonios, cuyo campo de batalla no era otro que Weyard, el mundo de los humanos, a los que ahora usaban como peones a su disposición, siendo los Ángeles y los Demonios los que se habían convertido en los Generales y Capitanes de aquella guerra por la supremacía.

Capítulo 4. El Fin de la Primera Era


En el año 1250 D. A. la guerra casi destruye Weyard por completo, hasta que la contienda acabó con la victoria de los Arcángeles, Shamshiel derrotó a Lucifer atravesando su corazón con la Lanza de Longinus y la selló en una prisión espiritual en el Infierno, una tan poderosa que ni ella pudo romper. El desequilibrio de poderes al tornarse la balanza del lado del cielo fue tan sustancial que en los próximos quince años acabaron por ser derrotados Astaroth, Kushiel y finalmente Lilith, que también fueron sellados en prisiones en el Infierno de los que nadie les podía liberar salvo los propios Arcángeles.

Cualquiera pensaría que con aquella victoria aplastante, la guerra eterna entre Ángeles y Demonios acabaría ahí y volvería a reinar la paz, sin embargo no fue así. Al día siguiente de sellar a Lilith los cuatro Arcángeles desaparecieron del planeta sin dejar rastro, no dijeron nada ni nadie supo por qué ni cómo ocurrió y aún hoy sigue siendo un misterio que algunos tratan de resolver.

El mundo quedó plagado de Ángeles y Demonios, los cuales siguieron gobernando a los humanos tal y como lo habían hecho los Arcángeles y Diablos hasta entonces. Los tiempos cambiaban y nuevos nombres empezaban a ganar cierta fama en ambos bandos, la forma en la que la guerra se libraba cambiaba con los años, sin embargo la guerra no acababa ni parecía que fuera a acabar nunca.

Algunos Ángeles se integraban tanto en la sociedad y costumbres humanas que cometían algo que su especie consideraba una herejía y una perversión, procrear con humanos. De la unión de un Ángel y un humano nacen los Nephilim, Ángeles Oscuros con el poder y habilidades de un Ángel, pero su falta de creencia y espiritualidad, un exiliado sin hogar. Desde su nacimiento las alas de los Nephilim son de plumas negras como la noche, es el detalle más característico a simple vista que los diferencia. Lo normal es que el Ángel que cometía esta herejía fuera ejecutado por sus congéneres por el pecado cometido, y con él o ella su descendencia maldita, cuando el Nephilim aún es un bebé. Pero hay casos en los que los Ángeles no llegan a enterarse de la herejía o el Nephilim es puesto a salvo tras la ejecución de su progenitor, antes de que su corta vida siga la misma suerte.

Los Nephilim que llegan a adultos alcanzan el mismo poder y habilidades que los Ángeles y Demonios, lo que los convierte en un peligro atroz por el desequilibrio en la balanza de poder de uno u otro bando. Lo natural sería que los Nephilim siempre fueran malvados y estuvieran en contra de los Ángeles, pero en el bando de los guerreros de la luz los hay que también simpatizan con los Nephilim y han estrechado lazos con ellos para aunar fuerzas contra los Demonios. Cómo también está el caso en el que el Nephilim es vengativo y se une al bando de los Demonios para acabar con los Ángeles.

De una forma u otra los Nephilim deben elegir un bando u otro, la pasividad no es una opción, pues su mestizaje entre Ángel y humano les ha maldecido con una enfermedad a la que llaman “El Hambre”. A diferencia de los Ángeles que no necesitan alimentarse, y los Demonios que se alimentan del alma y/o la carne de los humanos, los Nephilim necesitan alimentarse del alma de Ángeles o Demonios para subsistir, da igual si se alimentan de una u otra raza, pero si no lo hacen al menos de una acaban debilitándose hasta fallecer de inanición. Eso ha hecho que los Nephilim de buen corazón se alíen con las facciones de Ángeles que simpatizan con su raza y no les discriminan, convirtiéndose en soldados o mercenarios del ejército celestial que se alimenta de almas demoníacas. Por otro lado, los Nephilim que nacen malvados hasta la médula o se han dejado llevar por el camino de la venganza se alían con los demonios para devorar las almas de los Ángeles.

En la actualidad, el año 1600 D. A. la guerra eterna entre las dos razas ahora tiene una tercera que ayuda a equilibrar o desequilibrar la balanza según trascurren los sucesos, el equilibrio se rompe o se restablece, pero la batalla nunca termina. Ahora, más de tres siglos después de la desaparición de los primigenios, eres tú el que debe decidir cual será el destino de Weyard, ¿De qué lado estás en esta guerra?


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